Una vez mĂĄs, la inseguridad golpea en el corazĂłn del cordĂłn industrial. En esta oportunidad, la vĂctima fue un camionero de 51 años, oriundo de CĂłrdoba, que el lunes por la noche fue interceptado por delincuentes armados mientras se dirigĂa a la terminal de Dreyfus, en TimbĂșes. El hecho, incluyĂł disparos con una carabina, la apertura forzada del acoplado del camiĂłn y el robo de casi 30 toneladas de soja.
El conductor, en un acto de desesperaciĂłn y coraje, decidiĂł no detenerse. SiguiĂł hasta su destino para terminar de descargar, priorizando la integridad fĂsica por encima del cargamento. ReciĂ©n al dĂa siguiente, pudo formalizar la denuncia en la comisarĂa 9ÂȘ de TimbĂșes que dio intervenciĂłn a la FiscalĂa de San Lorenzo.
Este episodio, tan alarmante como tristemente frecuente, evidencia una problemĂĄtica de fondo que crece a la par del silencio y la inacciĂłn de las autoridades timbuenses. Porque lo que ocurriĂł el lunes no es un caso aislado: es el resultado previsible de un Estado local que decidiĂł dar la espalda a quienes trabajan todos los dĂas sobre el asfalto.

Fito Gonzålez deja inaugurado el puesto sanitario y de seguridad en Mangoré y Darwin
Cuando la polĂtica estaba del lado de los trabajadores
No hace tanto, en mayo de 2021, la Comuna de TimbĂșes, bajo la gestiĂłn de Amaro âFitoâ GonzĂĄlez, inauguraba un puesto sanitario y de seguridad en la estratĂ©gica intersecciĂłn de MangorĂ© y Darwin. Se trataba de una decisiĂłn polĂtica concreta: brindar respaldo, contenciĂłn y resguardo a los trabajadores del complejo sojero, especialmente a los camioneros que dĂa y noche abastecen las terminales portuarias.

La cruz roja recuerda lo que alguna vez fue un puesto para la contenciĂłn sanitaria
Aquel espacio estaba equipado con personal mĂ©dico, paramĂ©dicos, una ambulancia 0 km y patrullaje urbano con mĂłviles UTV. No era solo un gesto, era una presencia del Estado en el lugar donde mĂĄs se lo necesita. Un faro de cuidado y prevenciĂłn para quienes se enfrentan no solo a largas jornadas de trabajo, sino tambiĂ©n a rutas peligrosas, vacĂas de protecciĂłn.
Hoy se observa una triste contraposiciĂłn: Bajo la actual gestiĂłn del presidente comunal Antonio Fiorenza, ese puesto fue desmantelado y las instalaciones cedidas a un privado. En el lugar funciona ahora el âComedor Berakaâ, un establecimiento de comidas rĂĄpidas cuya higiene y estado general distan mucho de lo que se espera en un punto neurĂĄlgico del trĂĄnsito de carga del paĂs.

En anterior puesto sanitario y de seguridad -hoy en manos privadas- luce muy desmejorado
El deterioro es visible: faltan sanitarios, artefactos elĂ©ctricos, limpieza. La Ășnica señal de que alguna vez allĂ existiĂł un espacio sanitario es una cruz roja deslucida, que hoy parece un triste recordatorio de una polĂtica que alguna vez se ocupĂł de los trabajadores.
Mientras la gestiĂłn actual prioriza negocios privados y minimiza la funciĂłn social del Estado, los transportistas son rehenes de una inseguridad creciente, sin herramientas, sin resguardo, sin asistencia. Porque la diferencia entre contar con un puesto de salud y seguridad y no tenerlo se mide en tiempo de respuesta ante una urgencia, en poder denunciar a tiempo, en prevenir antes que lamentar.

La situaciĂłn actual necesita mĂĄs que palabras: exige responsabilidad polĂtica. Exige recordar que los trabajadores no son un engranaje descartable en la maquinaria agroexportadora, sino seres humanos con derechos, entre ellos el mĂĄs bĂĄsico: el de circular y trabajar seguros.
Hoy, mientras los disparos retumban en las rutas y los delitos se multiplican, lo que falta es un Estado que esté a la altura. Y lo que sobra, es indiferencia.









